Recomendaciones dietarias para la reducción de peso corporal

  • Publicado:
  • 01/10/2015

OBESIDAD: HERENCIA Y MALNUTRICIÓN

Si bien existen algunos factores genéticos que pueden contribuir, la obesidad parece ser, en la mayor medida, sólo una consecuencia de los estilos de vida que presentan actualmente las sociedades occidentales en las que predomina la cultura del sedentarismo. Ello en parte es debido al creciente confort que minimiza tanto los tiempos de traslado ambulatorio por el uso del automóvil y otros medios de locomoción, como también los destinados a las compras del hogar, por la existencia de supermercados y shoppings que ofertan en un mismo lugar todo lo necesario para el abastecimiento familiar, incluyendo el envío de la mercadería. Naturalmente, este ahorro de tiempo y de esfuerzo se resta de la actividad física que antaño debía aplicarse para obtener los mismos insumos. Algo similar sucede, en el seno del hogar, donde la automatización resultante de los aparatos electrodomésticos hacen mínimo el gasto de energía aplicado en la limpieza y la preparación de la comida. A ello se suma un agravante: la aceptación creciente de menús inadecuados por la proliferación de negocios de comidas rápidas que remiten sus productos a domicilio y agregan una reducción importante al tiempo y esfuerzo que insumía antaño la selección, compra, preparación y cocción de los alimentos. La introducción de la televisión y la computadora, más la minimización motriz antes aplicada a las labores físicas, absorbe gran parte del tiempo remanente, que adquiere proporciones crecientes en la medida que sube el nivel económico de esa sociedad. Todo ello a expensas del gasto energético que debería aplicarse. Tanto el hombre como la mujer de hoy solamente gastan alrededor del 20 % de las calorías que demandaban a nuestros abuelos hacer las mismas tareas.

La industria invierte cantidades cada vez mayores en desarrollar y promover alimentos cada vez más calóricos, a los que apoya con campañas publicitarias que asocian su consumo con situaciones placenteras. Estos alimentos son consumidos no solamente durante las comidas, sino también en cines, paseos, reuniones, en las horas de descanso, incluso mientras se maneja el automóvil. Esta distorsión alimentaria sólo puede conducir a incrementar el desbalance nutricional. Parece innecesario afirmar que, junto al alimento en sí, se consume además una multitud de sustancias sintéticas peligrosas –inclusive tóxicas- tales como: conservantes, colorantes artificiales, emulsionantes, edulcorantes, turbidizantes, espesantes, estabilizadores de color, odorizantes, saborizantes, etc., lejos del verdadero placer que brinda la Naturaleza al ofrecer su vasto concierto de olores, colores y sabores de los alimentos frescos y naturales. 

Pero el hombre no ha salido indemne de este supuesto confort y estilo de vida. En efecto, según la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios, SAOTA, la Argentina es ubicada en los primeros lugares entre los países de América Latina con problemas de peso, ya que presenta alrededor del 57,8 % de su población con sobrepeso, en tanto que alrededor del 15 % padece obesidad. Estas cifras, ya de por sí alarmantes, parecen portar una tendencia a incrementarse y no a decrecer. Por otra parte, existe una correlación directa entre el desarrollo social y la aparición de tales problemas, por lo que debe esperarse, de no mediar un cambio de conducta, un aumento futuro de estos registros en la medida que Argentina alcance una mayor evolución económica. En tono risueño, la máxima que exponemos a continuación ilustra, ejemplificando, la conducta predominante que sigue el hombre actual.

El hombre invierte los primeros cuarenta años de su vida tratándose de enfermar, en tanto que los restantes años los gasta tratándose de curar.  Anónimo

GANANCIA DE PESO

Una persona engorda cuando las calorías que ingiere durante el día son mayores a las que gasta en la suma de las actividades físicas realizadas en el mismo período. De ello se extraen dos únicas posibilidades para ganar peso: que las calorías de la ingesta sean mayores que las gastadas, o que el gasto energético invertido en las actividades físicas realizadas se ubique bastante por debajo del nivel de calorías que se ingieren, aunque éstas sean las supuestamente adecuadas. El equilibrio entre las calorías consumidas y las calorías gastadas se llama balance energético y es el que determina hacia donde se inclina el resultado final: hacia el incremento, que conduce inexorablemente al sobrepeso y a la obesidad; a la estabilidad, o, por el contrario, a la reducción de las grasas acumuladas en el organismo y a adelgazar.

Las formas de vida sedentarias; los hábitos alimentarios familiares inadecuados; ciertos factores genéticos hereditarios –aunque intervienen muy pocos–; la educación y formación de los componentes del hogar; los mecanismos psicológicos de autocomplacencia; la predilección por las comidas rápidas (comidas chatarra); el comer permanentemente fuera de casa, hecho impelido por las formas de vida laboral urbana; el gusto y la gratificación inducida de los dulces; la inclinación a ingerir alimentos con elevado contenido graso; las formas de cocción de los alimentos (con predominio de frituras), el consumo elevado de alcohol, una administración inadecuada del estrés, son algunas de las causas que influyen en la ganancia excesiva de peso. Muchos de estos factores se podrían considerar formando parte de un ambiente obesogénico; esto es, cuando existe una concurrencia de factores culturales y psicológicos que propician la aparición del sobrepeso y la obesidad.

Del balance energético se extrae como conclusión la importancia que reviste la actividad física en el tratamiento de la obesidad. La adopción de una vida sedentaria obliga simétricamente a una reducción significativa de las calorías a ingerir, dado que de otra forma fatalmente conducirá al sobrepeso. Pero esta reducción no siempre es practicable sin caer en la sub-alimentación o en la carencia inducida de determinados nutrientes, hecho que podría agravar un cuadro clínico de por sí complejo.

Pero como existe una cierta inercia en los hábitos de alimentación, las restricciones en la cantidad, con una modificación simultánea en la calidad de los alimentos, serán percibidas por ciertas personas como un hecho penoso, que en gran proporción conduce al abandono de las nuevas dietas saludables. En ello colabora, como se ha dicho, el sedentarismo creado por la automatización, característico de las formas actuales de vida, así como el incremento de la tendencia a la auto-gratificación compensatoria que se verifica cuando estamos sometidos a presiones. El estrés del cambio, motorizado por la tensión evidente entre la necesidad percibida de bajar de peso y el esfuerzo que está involucrado para lograrlo, resulta generalmente mayor que unos beneficios que sólo serán palpables a través de un proceso y no en lo inmediato, causal de muchos abandonos de los regímenes dietarios.

Por ello, la conducta aplicada en la consecución de los objetivos de reducción de peso será de vital importancia, porque sin una concientización previa acerca de la existencia del problema y de sus riesgos, no habrá forma de adherirse voluntariamente a las nuevas normas y formas de alimentación, y al programa de actividades físicas que involucra. Recuerde:


Un esfuerzo a medias es ya un fracaso a medias.

Es necesario asumir que no existen pastillas, dietas milagrosas ni aparatos de gimnasia que puedan obtener resultados que sean sostenibles en el tiempo, sino se deberá poner en juego simultáneamente iguales dosis de tenacidad e inteligencia para que pueda adoptarse un nuevo estilo de vida mucho más saludable, no sólo por razones de estética personal, sino fundamentalmente por la prevención de las patologías que están involucradas y que derivan del sobrepeso o la obesidad.

EL PESO SALUDABLE

Para cuantificar la magnitud del sobrepeso corporal y determinar cuál sería el que se podría considerar como peso saludable se debe utilizar un sencillo modo de cálculo según la OMS: “la relación que existe entre el peso de una persona, dividido el cuadrado de su altura”. De esta forma se relacionan dos magnitudes: el peso en sí, que como valor absoluto no esclarece demasiado, y la altura. El valor hallado de este modo se denomina Índice de Masa Corporal  (IMC) y resulta la forma de calcular científicamente tanto el peso normal, el sobrepeso y la adiposis.  Por ejemplo: si el peso hallado en un individuo es de 66,5 Kg y la talla es de 1,74 m, el cálculo sería:
                               
IMC = 65,5 Kg  :  (1,742)  =  21,96
De estas relaciones se establecen algunos índices que se consideran como indicativos del grado de dispersión que presentan respecto de los valores que se consideran como peso saludable:

                                Hasta 18,4                            peso insuficiente
                                De 18,5 a 24,9                     peso normal o saludable
                                De 25,0 a 29,9                     sobrepeso
                                De 30,0 a 34,9                     obesidad leve
                                De 35,0 a 39,9                     obesidad moderada
                                Más de 40,0                          obesidad grave

Además de este IMC, también resulta decisiva la distribución corporal del tejido adiposo. Así, existen dos grandes grupos que se corresponden tipológicamente –pero con ciertas restricciones– al sexo masculino y al femenino. Cuando la acumulación de grasa se produce en el abdomen (abdomen grasoso) o tipo manzana, por sobre el ombligo, corresponde a un tipo androide; es decir, una forma de acumulación típicamente masculina, aunque no excluyentemente.

Por el contrario, si la acumulación se localiza mayormente debajo del ombligo y en las caderas o tipo pera, se trata de una adiposis clásicamente femenina o tipo ginoide

Si bien ambos depósitos grasos resultan igualmente peligrosos, el tipo androide o manzana tiene un perfil de riesgo mayor, porque favorece o exacerba factores patológicos concomitantemente vinculados. La acumulación de grasa en el vientre se diferencia netamente de los otros depósitos de grasa corporal porque contiene un mayor número de células por unidad de volumen; una mayor cantidad de receptores de cortisona y hormonas masculinas (andrógenos); y una mayor desintegración de grasa por la acción inducida de la hormona vinculada al estrés: la catecolamina.

En el tipo ginoide o pera, con la localización de grasa ubicada principalmente por debajo del ombligo y en las caderas, y que en el caso de las mujeres suelen asociar solamente a problemas estéticos, resulta mucho más problemático para poder ejercer una acción correctiva fuera del cambio de los hábitos alimentarios y la práctica de actividades físicas. Este tipo de acumulación se vincula con la función primaria de la mujer: la procreación, para la cual el cuerpo prepara una protección adicional para el feto, acumulando en la región del útero y caderas depósitos grasos para la absorción de golpes o traumatismos que pudieran ocurrir durante el desarrollo del embarazo y que podrían llegar a comprometerlo.

Una forma sencilla de referencia para calcular el depósito de grasa del vientre es tomando la medida del contorno en el abdomen. Si el perímetro de un individuo mide más de 94 cm, el riesgo de aparición de alguna enfermedad metabólica aumenta considerablemente respecto de alguien que posea un contorno normal, que debe ser inferior a esa cifra. Si la medida del perímetro fuese superior a los 102 cm., dicho riesgo crece aún más hasta constituir un cuadro preocupante. En el caso de una distribución exclusivamente de grasa tipo androide, una forma de evaluación rápida la constituye la relación entre la talla y el contorno de las caderas, que no debe ser jamás superior a 0,85 en las mujeres y 1,00 en los hombres.

EL EXCESO DE PESO Y LOS FENÓMENOS DE OXIDACIÓN CELULAR

Según recientes investigaciones, el exceso de peso genera, en relación directa, un déficit significativo de sustancias antioxidantes, tales como las vitaminas C, E y A, así como también de vitaminas del grupo B. Este déficit se extiende a varios minerales, como el Zinc, el Manganeso, el Cobre, el Magnesio, el Cobalto, el Selenio, el Cromo, el Germanio, el Vanadio y el Hierro, muchos de éstos participantes de la composición de enzimas y otros compuestos fundamentales para el organismo.

De esta forma, estas deficiencias de nutrientes parecen concluir que, independientemente de la cantidad ingerida de estas valiosas sustancias, que se presupone –aunque a veces se supone mal– que el individuo obeso consume en gran cantidad, en el organismo suceden fenómenos metabólicos que interfieren su absorción correcta, aumentando el nivel de riesgo global por el deterioro de su sistema inmunológico, un deterioro que, según los especialistas, los hace más vulnerables al cáncer, a las enfermedades infecciosas, a la diabetes, a la osteoporosis, a la arteriosclerosis, a la ateroesclerosis y, en consecuencia, a los accidentes vasculares.

Los fenómenos de oxidación celular se producen cuando determinadas sustancias muy reactivas que carecen de un electrón (como el ión hidroperoxilo, el óxido nítrico, el superóxido, el hidroxilo, el dióxido de nitrógeno, el oxígeno, etc.), se producen en el interior de las células atacando a las membranas, alteran la química de las mitocondrias, así como también dañan a los ácidos nucleicos (ADN, ARN) modificando su estructura química en busca del electrón faltante. Estas sustancias oxidantes, denominadas comúnmente radicales libres, por lo general son neutralizadas en un organismo sano por la acción de los antioxidantes y otros componentes del sistema inmunitario (que le ceden el electrón que les falta y las neutraliza), como las ya mencionadas vitaminas C, E, A y los minerales Zinc, Selenio y Germanio. Pero si el cuerpo tiene un déficit de estas sustancias, ya sea por mala absorción o por déficit en la ingesta, los fenómenos de oxidación celular se exacerban provocando una auténtica reacción en cadena, porque un radical libre produce otros radicales libres, resultando en una vulnerabilidad orgánica mayor, dado que los ácidos nucleicos modificados por los radicales libres tienden a formar una nueva estirpe de células que no podrán ser neutralizadas por un sistema inmunológico menguado, generando patologías de gran severidad, como el cáncer, por ejemplo. Otros fenómenos de oxidación ocurren en casi todos los órganos del cuerpo, provocando daños irreversibles en los mismos, como sucede, por ejemplo, en el páncreas, pulmones, cerebro o en el hígado. Hoy se cree que los radicales libres son los responsables de más del 90 % de las enfermedades que padece el ser humano.

Por otra parte, las grasas ingeridas en los alimentos son oxidadas con mayor rapidez y cantidad cuanto mayor sea la cantidad de radicales libres existentes. Estas grasas oxidadas, producto de peroxidación lipídica de las LDL, principalmente, adquieren la forma de grumos pegajosos, y concurren a formar depósitos en las arterias, generando obstrucciones o ateromas, aumentando la probabilidad de accidentes cardiovasculares.

También, y debido a la actividad hormonal alterada, las personas con sobrepeso necesitan mayor cantidad de antioxidantes que los individuos que carecen de ese problema. Los estudios demuestran, además, que el exceso de peso aumenta la generación de estrógenos y reduce la de testosterona, una combinación sumamente peligrosa que, en el caso de las mujeres, se considera un factor desencadenante de ciertos cánceres en su aparato reproductor.

ALGUNAS RECOMENDACIONES FÍSICAS Y DIETARIAS

La formulación de dietas adecuadas para combatir el sobrepeso debería ser materia exclusiva de especialistas profesionales, los que ajustarán a cada paciente el tipo y cantidad de principios nutritivos que debe ingerir. No existen, por consiguiente, dietas tipo o promedio que puedan ser adoptadas por todos. De allí las falacias que proponen ciertas revistas de moda o la televisión, las que ofrecen multitud de soluciones mágicas para la reducción de peso, independientemente de las características individuales del afectado. Aunque en su mayor parte inocuas, estas prácticas sólo pueden conducir al fracaso y al agravamiento del cuadro psicológico que deriva de la no-obtención de resultados, muchas veces conducentes a imperdonables retrasos en la celeridad con la que se debe enfrentar este problema. Por otra parte, su proliferación sustrae progresivamente el tratamiento del sobrepeso y la obesidad de la esfera de los médicos, circunstancia que ha hecho ingresar la acción del paciente en el peligroso terreno de la automedicación y a la creencia creciente en dietas-milagro, de pastillas o de sobres efervescentes que ofertan soluciones inmediatas concentradas.

Aunque en su mayor parte inservibles en la obtención de resultados, muestran, sin embargo, un aspecto que se podría considerar positivo si no fueran de por sí tan peligrosas: el desnudar el problema creciente del sobrepeso que ya adquiere características pandémicas en casi todas las sociedades opulentas.

 

–“Todos los obesos y las personas con tendencia a engordar comen mal; pero no todos los que comen mal aumentan de peso, lo cual demuestra que el régimen alimenticio no es todo”. Dr. Dominique Rueff (France):

Es por ello, que sólo se pueden dar algunas indicaciones físicas y dietarias generales acerca de cuales factores deben tenerse en cuenta para adoptar nuevas formas de vida sana, entendiendo que la formulación de las dietas respectivas es, en cada caso, de competencia profesional.


1 – ACTITUD

  • Enfrente el cambio con la mejor actitud positiva. Recuerde que se propone no solamente bajar de peso sino mejorar su aprestamiento ante la vida. Las actitudes negativas desde el comienzo, el temor o escepticismo vinculado al fracaso, o el no conseguir resultados inmediatos, tiene como consecuencia un debilitamiento psicológico y, como resultado, de su sistema inmunológico. En este cuadro, resulta más fácil enfermarse que permanecer sano. La actitud jovial y positiva, en cambio, fortalece su espíritu y por consiguiente potencia sus defensas orgánicas. Debe recordarse que su mejor línea de defensa es que su sistema inmunitario funcione correctamente.

2 – EJERCITACIÓN

  • La realización de ejercicios de moderados al comienzo y llegando progresivamente a exigentes y constantes, eleva el ritmo cardíaco, permitiendo que el oxígeno y los nutrientes lleguen a sus células a través del flujo sanguíneo, Propician también un adecuado catabolismo de las grasas. Caminar en ritmo acelerado es realmente una excelente práctica; fortalece el corazón y mejora la circulación. Las caminatas, ejercicios y los estiramientos o elongaciones potencian la resistencia general y de las articulaciones, colaborando eficazmente en eliminar del cuerpo las toxinas y los radicales libres. Propicia, además, la saludable formación de enzimas y hormonas que su cuerpo necesita.
  • No se proponga metas demasiado elevadas. Es necesario comenzar poco a poco; por ejemplo, una caminata diaria de 8 a 10 cuadras (o más, si se puede), para ir paulatinamente aumentándolas –en cantidad y en el ritmo– cada dos o tres días (o de acuerdo a sus posibilidades) hasta llegar a unas 30 ó 35 cuadras diarias. Pero no debe cejar en su esfuerzo ni postergar la caminata por otras tareas. Realice elongaciones de calentamiento muscular previas o durante la realización del ejercicio para evitar contracturas u otras lesiones. Use un calzado cómodo y ropa adecuada que posibilite libertad de movimientos. Reemplace el automóvil por la caminata si ello está dentro de su programa. Cuando alcance esta meta con soltura y no experimente ningún problema, comience un programa de ejercicios más intensos de resistencia; como puede ser: subir y bajar escaleras con progresiva celeridad; realizar prácticas de levantamiento de pesas o mancuernas de 2 a 5 Kg. (o más, en el caso de los hombres). Recuerde que los músculos son los únicos que consumen grasa y que para ello se deben estimular fuertemente. Los ejercicios livianos no producen ningún consumo de grasa; sólo los ejercicios intensos. Recuerde que se parte de un cuadro de mínima, y para que dicho consumo se equilibre con la ingesta debe pasar un tiempo hasta que su musculatura alcance mayor plenitud y fortaleza. Para estos ejercicios es necesario consultar al médico y a un instructor físico quienes le fijarán el programa más conveniente. En el caso de las mujeres, no tema que un programa de este tipo le desarrollará una musculatura similar a un físico-culturista. Si ha llevado una vida sedentaria o de cierta quietud motriz, lo más probable es que el desarrollo de los ejercicios le posibilitarán tener o recuperar los músculos normales, aumentar su tonicidad y consumir las calorías acumuladas.

Los ejercicios con aparatos son interesantes como un complemento a la actividad física que se adopte, aunque debe recordarse que para el cuerpo resulta indiferente si los ejercicios se realizan con artefactos altamente sofisticados electrónicos o con pesos simples, como una pila de ladrillos.

3 – RECOMENDACIONES DIETARIAS

      COMO DEBE SER LA DIETA          

  • Para recuperar los equilibrios orgánicos su dieta debe ser equilibrada, donde no falte ningún principio nutritivo. Eso sí, hágalo moderadamente y siguiendo una dieta balanceada formulada por un especialista. No obvie ninguna comida. El pensar que dejando de comer el almuerzo o la cena puede conducir a alguna reducción de peso, es un error. Por el contrario, el organismo humano tiene incorporado un mecanismo de alerta desde que era un primate que se pone en marcha cuando detecta alguna falta de alimento. Este mecanismo es de naturaleza enzimática, y se expresa a través de la enzima lipoproteína lipasa –junto a otras sustancias–, que comienza a actuar recogiendo las grasas digeridas y almacenándolas en los tejidos adiposos cuando se detecta la falta de comida. Establecida la carencia, que el cuerpo asocia a una futura época de escasez, y por el cerebro alertado mediante mensajeros hormonales, entre ellos el glicerol, –que patrullan permanentemente el nivel de grasa existente– ordena a la enzima y a los otros compuestos la acumulación de grasa de reserva para la subsistencia posterior. En este mecanismo interviene el llamado punto de obesidad. Conviene detenerse brevemente sobre este aspecto. Nuestro organismo carece totalmente de referencia del nivel adecuado de grasa total que debe tener; solamente toma en cuenta el nivel concreto de lo que ha sido ingerido en los últimos tiempos. Para ello desarrollará todas las células adiposas, los capilares sanguíneos, las enzimas, los nervios periféricos, los niveles hormonales y el tejido conjuntivo necesario para soportar esa grasa. De esta forma, reconoce como propio dicho nivel y ajustará todas sus acciones defensivas para cuando este nivel se altera. Ése será el punto de obesidad. Si se ha comido demasiadas grasas por bastante tiempo, ya se tiene fijado el nivel con el cual el cuerpo reaccionará cuando éstas se disminuyan. En síntesis, no comer alguna comida diaria no adelgaza, engorda.
  • Siguiendo con el criterio anterior, es preferible comer porciones más pequeñas pero en forma más frecuente, aproximadamente cada 2 ó 2 ½ horas, de modo que su sistema digestivo se mantenga ocupado y los mecanismos hormonales y enzimáticos de alerta no se disparen. Las porciones intermedias al almuerzo o la cena pueden consistir simplemente en una fruta o un vaso de yogurt descremado, aunque siempre respondiendo a un programa calórico total diario.
  • En cualquier dieta adoptada no deben faltar las frutas crudas y los vegetales. Las frutas son gratificantes en función de su sabor dulce y aportan gran cantidad de vitaminas y minerales con muy pocas calorías. También deberían constituir el postre con preferencia a cualquier producto elaborado. Las verduras brindan gran cantidad de vitaminas y minerales, aunque suministran además algunos otros principios nutritivos, como ser algunos aminoácidos esenciales, pigmentos, enzimas y fibras. Entre frutas y verduras se debería ingerir unas cinco porciones diarias. En lo posible, estos alimentos deberían consumirse crudos, o bien cocinados con cáscaras o trozos grandes al vapor, nunca hervidos, porque este último sistema de cocción disuelve, degrada y arrastra la mayor parte de los nutrientes, siendo lo remanente mayormente fibras insolubles, sin gran valor dietario.

FORMAS DE COCCIÓN DE LOS ALIMENTOS

  • Al comenzar algún tipo de dieta, debe primero saber que ciertas formas cocción de los alimentos empeoran la situación preexistente. Nunca fría o saltee en aceite, manteca, margarina o grasa sus comidas, dado que las frituras triplican las calorías del alimento en sí. Ya fue mencionado el hecho que las verduras nunca deben hervirse sino cocinarlas al vapor, sin contacto directo con el agua de cocción. Independientemente de ollas y cacerolas ya preparadas para esta forma, existen otros sencillos procedimientos como ser: colocar una rejilla tipo posa-ollas o posa-pavas del tamaño del recipiente sobre algún objeto metálico o taza que evite el contacto del alimento con el agua. Esta forma de cocción es mucho más rápida que el proceso común de hervir y se preservan casi todos los nutrientes contenidos en el alimento. Con la cocción al vapor también pueden cocinarse carnes de todo tipo, rojas, blancas y de pescado, las que siempre mantendrán sus principios nutritivos casi intactos.

Uno de los problemas más extendidos, tanto en la vajilla para la cocción de los alimentos, en las aguas de bebida, o inclusive en los productos cosméticos y medicamentos de venta libre (desodorantes, antitranspirantes, champúes, antiácidos, antidiarreicos), es el Aluminio. Este metal, en base a investigaciones recientes, está fuertemente sospechado de tener vinculación estrecha con severas patologías cerebrales, como el mal de Alzheimer, e inclusive con otras lesiones neurológicas muy serias. En consecuencia, no utilice ollas, cacerolas y sartenes, ni ningún recipiente destinado a la cocción de alimentos que sea de ese metal. Reemplácelos por utensilios con recubrimientos de teflón, enlozados, de cobre, hierro o acero inoxidable. No utilice agua para beber ni para la cocción que provenga de los servicios de red domiciliaria, en la cual interviene el Aluminio en su proceso de depuración. Esto se debe hacer extensivo a los jugos concentrados, dietéticos o no, a los cuales se los diluye con agua corriente, y a las sodas (sifones); bebidas preparadas embotelladas (tipo colas o de frutas) gasificadas o no; aguas mineralizadas –no minerales verdaderas- que también utilizan agua de los servicios de red domiciliaria. No consuma bebidas enlatadas, como jugos, refrescos o cerveza, envasadas en recipientes de Aluminio. Siempre use, en lo posible, agua mineral de marcas reconocidas o incorpore filtros de carbón activado para depurar el agua corriente previo a su uso.

CARNES

  • Según se dijo anteriormente, se debe comer pescado fresco de mar con una frecuencia de, al menos, dos veces por semana. El pescado debe ser preferentemente graso y de aguas frías profundas (salmón, bonito, corvina, caballa, atún, merluza, pollo de mar, etc., inclusive sardinas), que tienen un elevado contenido de EPA (ácido eicosapentaenoico) y otros ácidos grasos Omega 3 (W-3) de cadena larga, como el DHA (ácido docosahexaenoico). Deben evitarse las conservas al aceite enlatadas o reducirlas al mínimo, porque son producidas con aceites de baja calidad, y tienden a anular los efectos benéficos de los ácidos poliinsaturados contenidos en el pescado. Con algunas restricciones, pueden consumirse conservas al natural, teniendo presente que poseen elevado contenido de Sodio y otras sustancias conservantes y que han perdido muchos nutrientes en su elaboración. Como se ha dicho con anterioridad, no consuma el pescado en forma de frituras; reemplácelas por la cocción al vapor, al horno o a la plancha.
  • Las carnes rojas deben limitarse a una frecuencia de dos veces semanales como máximo. Reemplácelas por carnes blancas o pescado de mar (¡nunca de río!). Las formas de cocción más adecuadas para las carnes rojas son: al hormo –previo desgrasado minucioso- o a la plancha. Para este último procedimiento utilice una plancha estriada, no plana, que posibilite el drenaje de la grasa propia de la carne que se desprende durante la cocción, porque de otra forma no se diferenciaría mayormente de una fritura. No utilice elementos grasos para cocinarlas (manteca, margarina o aceites). Emplee sartenes de teflón o rejillas de acero inoxidable. Tampoco aderece con salsas que contengan manteca y margarinas. El uso de aceites debe ser mínimo. Las carnes deben provenir de cortes magros (lomo, cuadril, peceto, nalga, jamón redondo o cuadrado, palomita, etc.). Las vísceras comestibles y los embutidos, como las mollejas, sesos, chinchulines, chorizos, longanizas, morcillas, etc. deben eliminarse totalmente de la dieta.
  • La cocción de carnes mediante carbón o leña (asados) debe anularse definitivamente. Ello es debido a que por este método las carnes absorben gran cantidad de gases tóxicos y sustancias oxidantes, las que se sumarán a las ya generadas excesivamente en el interior del organismo.
  • No ingerir productos ahumados (carnes, quesos o embutidos) debido a la gran cantidad de gases tóxicos y sustancias oxidantes adquiridas durante esta particular forma de cocción y conservación. Es el mismo caso que las carnes asadas al carbón o leña, ya mencionado anteriormente.
  • Las carnes de ave deben cocinarse absolutamente sin piel y desgrasadas previamente. Se debe dar preferencia al pavo y al pollo, en ése orden, minimizando la ingesta de carnes muy grasas, como la del pato. Son interesantes también las carnes de aves de caza, porque su contenido de grasas es reducido.

ACEITES

  • Reemplace los aceites comerciales de girasol, maíz, maní o mezclas. Se debe consumir solamente aceites de oliva de calidad Extra Virgen (o Virgen Extra, según denominación de origen) y aceite de semillas de uva o soja para las ensaladas; estos últimos, no para la cocción. Estos aceites son obtenidos por primera prensada en frío (con algunas restricciones en el caso del aceite de soja). No utilice, bajo ningún concepto, los aceites comunes, porque ellos son obtenidos por prensado en caliente, extracción por solventes y sometidos a procesos de hidrogenación, resultando que son técnicamente grasas saturadas. Una simple ensalada aderezada con aceite común le suministra la misma cantidad de grasas saturadas que comer mollejas o sesos, aunque supuestamente se crea comer sano y liviano. Además, el proceso de extracción con solventes y prensado en caliente transforma por torsión las moléculas de ácidos grasos de la forma cis a la forma trans, impidiendo al organismo reconocerlas y metabolizarlas adecuadamente. Ello hace que estas grasas tiendan a formar depósitos arteriales que acrecientan el peligro de obstrucciones o aumentar su almacenamiento en los tejidos adiposos. Por otra parte, el proceso de hidrogenación a los que se somete a los aceites para darles transparencia, fluidez y evitar su rancidez rápida, transforma las benéficas grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas en saturadas, lo que agrava el problema. La Dra. Catherine Kousmine, directora del prestigioso Instituto Kousmine de Nutrición Humana, Ginebra, Suiza, grafica la introducción de esta tecnología en la extracción y depuración de los aceites como: -“Una catástrofe sanitaria”. Reiterando; para cocinar utilice solamente aceite de oliva extra virgen, que tiene gran estabilidad a la temperatura de cocción, o también aceite de semillas de uva o soja (siempre de primera prensada en frío) en comidas frías. Sin embargo, estos aceites son fuertemente calóricos, de forma que conviene utilizar cantidades mínimas o estirarlos con caldos desgrasados, jugo de limón o vinagre de manzana auténtico, los que aportarán un interesante complemento de sabor.

LÁCTEOS

  • Reduzca al mínimo o elimine los lácteos enteros grasos (quesos duros o fermentados, leches, yogures). Debe reemplazárselos por lácteos total o parcialmente desgrasados. Recuerde que los lácteos son grasas animales saturadas, las que deben reducirse drásticamente de la dieta. Es conveniente el consumo de yogures parcial o totalmente descremados a los que se hubieran adicionado sustancias probióticas (lactobacilos, bifidobacterias, etc), que tienden a recomponer la flora intestinal, propiciando las funciones digestivas y mejorando la absorción de los principios nutritivos de los alimentos.  Sin embargo, es necesario detenerse sobre la utilidad de la leche como alimento. Hasta los primeros años de vida, nuestro organismo es capaz de metabolizarla porque tiene la capacidad de segregar una enzima, denominada lactasa, necesaria para digerir la lactosa contenida en la leche. Pero esta capacidad se pierde progresivamente conforme al aumento de la edad. Más del 75 % de los adultos presentan algún tipo de intolerancia a la lactosa, de forma que incrementa la probabilidad de aparición de muchas enfermedades derivadas las que generalmente son atribuidas a otras causas, aunque son cada vez más los estudios que certifican su toxicidad. La Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard ha publicado recientemente un estudio del equipo dirigido por el Dr. Daniel Cramer que demuestra que el consumo de leche fresca aumenta los riesgos de contraer cáncer de ovarios en las mujeres que no toleran la lactosa. En síntesis, en lo posible deje que el consumo de leche se destine para su objetivo primario, la alimentación infantil o del ternero.
  • No reemplace los lácteos por margarinas, supuestamente de origen vegetal, pero a las cuales, debido a los procesos industriales de producción, se les ha transformado todas sus grasas insaturadas y poliinsaturadas en saturadas (inclusive se las adiciona con crema de leche), por lo que no las diferencia químicamente de las grasas animales.

PRODUCTOS DE PANADERÍA Y CONFITERÍA

  • Como se debe minimizar el consumo de carbohidratos y grasas, elimine la ingesta de pan blanco y de galletitas, cualesquiera sean sus diferentes tipos (con salvado, con cereales, dulces, etc.), bizcochos, bizcochitos suizos, bizcochos de grasa, bollitos, facturas y postres de panadería, dado que todos se elaboran con grasas saturadas, provenientes de margarinas hidrogenadas, grasas animales o grasas semi-sintéticas. Se deberá reemplazarlas con porciones muy moderadas de pan elaborado con harina integral, panes de centeno o mezclas de ambos. Pueden consumirse, además, tostadas o galletas marinas con gluten en cantidades limitadas.
  • De ninguna forma consuma galletitas envasadas, sean de agua, dulces, saladas, sin sal, con salvado, o saborizadas con queso, orégano, salame, jamón, etc. porque todas ellas están producidas con grasas hidrogenadas saturadas que van a elevar el colesterol y las grasas LDL. No crea, por consiguiente, que comer algunas galletitas de agua significa comer liviano. Lo que en realidad está haciendo es ingerir un contenido de grasas saturadas similar –e incluso superior, dependiendo de la cantidad– a comer carnes grasas, a las que recomendamos anteriormente eliminarlas de la dieta. No confunda el peso ligero de las galletitas con algo saludable.

SALSAS

  • En la preparación de salsas no utilice harina como espesante. Es muy conveniente incorporar tomates (frescos al natural o en conservas), dado su elevado contenido de licopeno, un poderoso antioxidante de la familia de los carotenoides, único de estos compuestos con capacidad de reducir los infartos. En los extractos el contenido de licopeno es mucho mayor, porque no se deteriora durante el proceso industrial. Sin embargo, la ingesta de estos preparados enlatados debe hacerse con moderación, dado su elevado contenido de Sodio y conservantes. Estire las salsas con caldo desgrasado o simplemente agua. Se pueden aligerar, además, con vinagre de manzana de buen origen (no sintético), aceto balsámico, salsa de soja (con prudencia, porque contiene azúcar) o jugo de limón. En las salsas procure agregar semillas de lino, almendras, nueces o girasol, que no hayan sido calentadas o tostadas y saladas previamente.

VERDURAS Y FRUTAS

  • Se debe consumir la mayor cantidad posible de zanahorias, tomates, calabazas o calabacines, pimientos picantes, cebollas y ajos (muy importantes, porque contienen quercetina, un poderoso flavonoide antioxidante), pimientos rojos y verduras de color verde intenso (espinacas, lechugas moradas, apios, acelgas, brócolis, escarolas, radichetas, berros, rúcula, perejil, albahaca, etc.), crudas o cocidas sin hervir. Aderécelas con aceite de oliva Extra-Virgen o aceite de semillas de uva, ajo (¡muy importante!), y/o especias (orégano, pimentón, pimienta, ají molido, romero, etc.). Pueden ingerirse individualmente o juntas, incluso acompañando otros preparados. Para graficar: una de las premisas es siempre comer color. Estos vegetales son una fuente importante de vitamina C y carotenoides (pro-vitamina A), además de otros principios con aptitud también antioxidante. En lo posible, deben consumirse frescos o hervidos al vapor, y es muy conveniente –si los consigue– si pudiesen provenir de huertas orgánicas.
  • Aumente globalmente el consumo de fibras hasta unos 30 g diarios. Las fibras son carbohidratos complejos que se encuentran en los cereales integrales, legumbres, hortalizas y frutas. Los panes y cereales integrales de centeno, cebada, avena, trigo y mezclas de ellos, se pueden considerar como concentrados de fibra. Su consumo propicia una disminución del colesterol en sangre, reducen el riesgo de padecer alguna enfermedad diverticular y mejoran la función de evacuación de las heces. Si bien globalmente el consumo de carbohidratos debe reducirse, esta restricción se limita a los carbohidratos simples; es decir, los que se encuentran en la harina, el azúcar, la miel, en las jaleas y mermeladas, en el almíbar, en los caramelos y golosinas, en las gaseosas, en los chocolates y en los productos dulces de panadería y repostería. Con estos productos se debe ser sumamente estricto en apartarlos de la dieta.
  • Debe reducirse al mínimo el consumo de papas y otros tubérculos, limitándolos al equivalente de dos o tres papas medianas semanales. Siempre deben ser cocinadas al vapor con la cáscara, enteras o en trozos grandes, y luego pelarlas una vez cocidas. No deben ingerirse nunca fritas. Tampoco las coma con cáscaras (por ejemplo: papines) ni con sus ojos de germinación (puntos negros en la superficie del tubérculo), porque ellos contienen sustancias alcaloides tóxicas.

PASTAS

  • Las pastas, sea cual fuere su tipo (ravioles, fideos, capeletis, ñoquis, etc.) deben limitarse severamente en la dieta. Debe consumirse una sola porción semanal, hecha con harina integral, del tamaño de un puño grande cerrado, aderezándolas con salsas de tomates y especias; con albahaca y ajo, o perejil y ajo, si fuese su gusto. No existen limitaciones en los aderezos, con excepción de los quesos duros rallados que suelen acompañar este tipo de comidas, y de los que no debería consumirse más que una cuchara de té por plato de pastas. Estas recomendaciones son válidas también para el arroz, que en todos los casos debe ser integral.

BEBIDAS

  • Los jugos naturales de frutas y verduras son importantes, en tanto sean consumidos en forma inmediata de exprimidos o extraídos. Por ejemplo, las muy necesarias vitaminas antioxidantes (C y carotenoides) contenidas en verduras y frutas, son extremadamente lábiles y se descomponen rápidamente. A los 10 ó 15 minutos se habrán oxidado y desaparecido como principios nutrientes, especialmente la vitamina C. No ingiera, por consiguiente, jugos envasados porque para mantener esas vitaminas los fabricantes adicionan substancias sintéticas antioxidantes, bactericidas y preservantes de naturaleza peligrosa o francamente tóxica. Los jugos naturales obtenidos mediante exprimidores o extractores de jugos familiares pueden reemplazar con todas las ventajas a otros tipos de bebidas.
  • Aumente la cantidad de agua para beber (mineral o depurada, como se ha dicho), minimizando el consumo de otras bebidas, excepción hecha de los jugos naturales de frutas o verduras. Reduzca el consumo de vino como máximo a 1 ó 1½ vasos diarios, y tómelo siempre preferentemente tinto. Las cantidades y su conveniencia serán fijadas por el profesional. Elimine por completo las restantes bebidas alcohólicas. Reemplace las infusiones, como el café y té, por Té Verde, que puede tomarse sin límites. El mate –en infusión o en bombilla– si bien contiene algunos alcaloides, entre ellos la cafeína, suministra algunas sustancias antioxidantes, por lo que puede consumirse moderadamente. Para endulzar utilice solamente fructuosa en muy poca cantidad o Stevia rebaudiana (hierba dulce o Kaá Hée).
  • No beba, bajo ningún concepto, gaseosas cola, de lima-limón ni de naranja. Ello es debido a que todas contienen ácido ortofosfórico como acidulante o estabilizador de color en el caso de las bebidas cola. El ácido ortofosfórico es un poderoso secuestrante del Calcio y otros metales que se ingieren en la dieta y se encuentran en el plasma sanguíneo. Pero como el organismo no puede sobrevivir sin Calcio, el cual regula las contracciones musculares, especialmente del músculo cardíaco, el cuerpo lo tomará de los huesos, los que experimentarán una progresiva disminución de su densidad e incremento de la fragilidad. Esta patología, derivada de una bebida muy peligrosa, se denomina osteoporosis, verdadera plaga en nuestros días, pero que era absolutamente desconocida a principios del siglo XX, cuando comenzó el consumo masivo de estas bebidas.

¿DIET O LIGHT?

Uno de los aspectos más confusos –quizás deliberadamente confusos- que componen la estrategia de venta de las compañías productoras de alimentos, son las denominaciones de Diet o Light  para sus productos. Así, se ofrecen gran cantidad de comidas, golosinas y bebidas bajo estos rótulos que no resultan suficientemente esclarecidos para el público, que tiene la tendencia a aceptarlos como términos sinónimos e intercambiables.

Por regla general, un producto Diet sería aquel que tiene un contenido reducido en calorías; es decir, que podría ser incorporado en una dieta determinada, como su nombre lo indica. Desde el punto de vista de la reducción de peso sería más útil que otro Light.

Un producto Light, como señala su traducción del inglés, es un producto liviano. Esta última denominación es aún más oscura, porque no se sabe a ciencia cierta en qué cosa es más liviano; si están sus componentes más diluidos, en menor cantidad o contiene menos carbohidratos o grasas. En el mercado existen muy pocos productos auténticamente Light, con la honrosa excepción de algunas mayonesas, en las cuales se ha sustituido parte de los huevos por zanahorias hervidas, desmenuzadas y emulsionadas o con carragenanos obtenidos de algas marinas. Algo similar sucede con algunas mermeladas, en las que se han sustituido la glucosa o azúcar por fructosa, llamada también azúcar de fruta. Por ello, antes de su compra, deberían evaluarse simultáneamente los otros componentes y leer cuidadosamente las etiquetas. Por ejemplo: la leyenda sin colesterol, que es utilizada discrecionalmente por los productores, desde una golosina a un aceite de mesa, responde, en realidad, a una idea-trampa comercial, porque ningún producto graso de origen vegetal (aceites) tiene colesterol. El colesterol es exclusivamente un componente de las grasas animales. Pero si se trata de aceites vegetales hidrogenados, como vimos anteriormente, son químicamente grasas saturadas, tan perjudiciales como el colesterol. Por ejemplo: los chocolates Diet  tienen un contenido de grasas saturadas más elevado que los chocolates originales.

Muchas veces, en caso de tratarse de productos dulces, la reducción de calorías se logra con la sustitución del azúcar por edulcorantes artificiales, como la sacarina, los ciclamatos, el aspartamo y el Acesulfame K (sustancias muy dañinas, absolutamente prohibidas en toda Europa, Japón y parcialmente en EE.UU, que excluye de esa prohibición al Aspartamo, probablemente la droga más peligrosa de todas, dado que es neurotóxica), aunque en numerosas ocasiones esta sustitución es solamente parcial, porque es difícil lograr eliminar completamente el sabor metálico que estas sustancias confieren al producto final, de forma que se les adicionan productos con denominaciones no tan explícitas, tales como: malto-dextrina, miel refinada, jarabe de maíz, glucosa, dextrosa, sacarosa, etc, que son todos hidratos de carbono simples, de modo que la reducción de calorías es casi insignificante o inexistente. Ejemplificando: las golosinas Diet –entre ellas, los alfajores o barritas de cereales con chocolate- no aportan una reducción significativa de calorías, lo mismo que sucede con el dulce de leche Diet, por lo que comer estos productos conduce a idénticos resultados negativos que consumir los productos originales que se deberían eliminar de la dieta.

En resumen: busque saciar su apetencia de dulces con productos naturales, como las frutas. En las infusiones que beba, reemplace con moderación el azúcar por fructosa o Stevia rebaudiana (hierba dulce o Kaá Hée), que siendo más dulces que el azúcar le significará una importante reducción de calorías.

4 – LOS COMPLEMENTOS DIETARIOS

El sobrepeso y la obesidad se verifican en términos de proceso, mediante un incremento más o menos constante a través del tiempo y en forma de pequeños aumentos. Nadie engorda repentinamente. Es un proceso pausado y sostenido, producido por consumir más calorías que las requeridas en base a su actividad física, modalidad de vida y gustos personales. Es, en definitiva, un resultado casi permanentemente positivo en el balance energético. Recuerde que la acumulación de grasa no está condicionada por sus genes: el peso adquirido depende casi exclusivamente de su estilo de vida. La grasa se acumula en el cuerpo a un ritmo aproximado de unos 30 gramos por día. En un mes se habrá incrementado el peso en aproximadamente 1 Kg.; en un año ello significará unos 10 Kg o más de sobrepeso, en tanto se siga con el mismo ritmo de ingesta. Como hemos mencionado anteriormente, y recordando, el cuerpo corrige lentamente hacia arriba el punto de obesidad.

La reducción de peso, de igual forma, debe seguir el mismo proceso, pero inverso. Pierda grasa pero muy despacio. No se espere perder muchos kilos por mes, como muestran las pastillas milagrosas de la TV, porque ello sólo es posible en base a perder musculatura –que tiene mayor peso que las grasas- de forma que así se habrá eliminado el único medio que posibilita consumir el tejido adiposo. Simultáneamente, se habrán disparado los mecanismos de alerta mencionados cuando sólo se han consumido algunos pocos gramos de grasa, de modo que habrá un doble efecto negativo: la reducción de músculos y un aumento de las grasas almacenadas, aunque la balanza registre una disminución. La pérdida de peso ficticia y circunstancial así lograda será entonces sólo un hecho episódico, un equilibrio inestable, que no podrá ser sostenido en el tiempo, porque cualquier alteración en la dieta conducirá a la rápida recuperación del peso anterior (efecto rebote o yo-yo).

Una reducción paulatina será la mejor estrategia, siempre obtenida en base a un incremento de la ejercitación y a una reeducación dietaria. La reducción calórica no debería ser superior al 20 % de la ingesta anterior, porque de otro modo se pondrán en marcha los mecanismos de alerta. Esta estrategia le significará reducir aproximadamente unos 230 a 250 gramos semanales; es decir, de 920 g. a 1.000 g. mensuales. Este es el nivel máximo que el cuerpo puede perder sin alterar los sistemas de defensa citados. En el mismo orden, el cuerpo irá corrigiendo paulatinamente hacia abajo el denominado punto de obesidad.

Todos estos procesos descritos acerca de las dietas y el programa de ejercicios concomitantes podrán ser acompañados y optimizados, pero no suplantados, por algunas sustancias o preparados ad hoc.

El consumo de Complementos Dietarios resulta de suma importancia, porque con las nuevas restricciones dietarias y con el statu quo derivado de los hábitos anteriores, muchos de los nutrientes necesarios no alcanzarán a ser suministrados por los alimentos. Por ejemplo, para cubrir las necesidades de Vitamina C serían necesarias de 14 a 16 naranjas diarias, ó 2 Kg de salmón para satisfacer las de ácidos grasos esenciales. Los Complementos Dietarios también son importantes para minimizar el estrés que produce cualquier cambio en la forma de alimentación, especialmente cuando se acompaña con un incremento en la actividad física. Ellos deben coadyuvar al programa global de reducción de peso, aportando, a su vez, sustancias nutreicas, como vitaminas, aminoácidos, minerales, grasas benéficas, enzimas y antioxidantes que se encuentran comprometidas por el exceso de peso y la obesidad y que obstaculizan el funcionamiento orgánico adecuado, situación imprescindible de lograr para la obtención los mejores resultados.

Es por ello, que en nuestros Laboratorios se producen varios nutracéuticos, compuestos de sustancias naturales, con acción directa e indirecta sobre la desactivación del impulso de comer, el incremento sostenido de la masa muscular y la propiedad de emulsionar las grasas ingeridas, evitando depósitos ulteriores. Dentro de estos Complementos Dietarios se pueden citar:

  • Spirulina Reductora Plus : Compuesta por: Fenilalanina (aminoácido que actúa sobre los centros de la corteza cerebral de la ansiedad, desactivando el impulso de comer) + Lecitina de Soja ( >97 % de fosfolípidos), que tiene la capacidad de emulsionar las grasas y evitar los depósitos arteriales + Algas pardas que aportan Yodo estimulando la función de la glándula tiroides y colabora en la reducción de peso; dando simultáneamente sensación de plenitud + Cupalina (guaraná) que acelera el metabolismo y reduce las grasas + Spirulina que aporta aminoácidos, vitaminas, minerales y enzimas que restituyen los nutrientes necesarios para optimizar el metabolismo.
  • Spirulina & Lecitina :  Consta de una base de microalgas Spirulina + 25 % de Lecitina de soja de >97 % de fosfolípidos. Este nutracéutico aporta una mayor cantidad de Lecitina de soja y está indicado para evitar los depósitos de grasas oxidadas LDL., emulsionando las grasas ingeridas.
  • Spirulina & Picolinato de Cromo :Base de microalgas Spirulina + Tripicolinato de Cromo. Disminuye la tasa de colesterol, adelgaza, optimiza la utilización de la insulina y fortalece y desarrolla los músculos, aún sin ejercicios. El Cromo es ampliamente deficitario en cualquier dieta occidental, siendo esencial para sostener los equilibrios hormonales, teniendo un efecto significativo sobre la tasa de colesterol sérico y las proporciones relativas entre los ácidos LDL y HDL.
  • Spirulina Antioxidante Real Plus : Muy eficaz antioxidante que contiene Vitamina C + Vitamina E + los minerales Manganeso, Cobre y Zinc, sobre una base de Spirulina. Evita la oxidación de las grasas o peroxidación lipídica, así como aporta otros compuestos orgánicos (vitaminas de grupo B, como la colina y niacina), que junto a las C y E favorecen la disminución del colesterol sérico.
  • Spirulina Mega-Antioxidante : Poderoso antioxidante que contiene Vitamina C + Vitamina E + citroflavonoides + Coenzima Q10 + Extracto de Ginkgo biloba + los minerales Zinc y Magnesio, sobre una base de microalgas Spirulina. Este antioxidante, el más completo del mercado, desactiva la mayor parte de radicales libres conocidos, entre ellos los responsables de la peroxidación lipídica, aportando simultáneamente muchas sustancias benéficas que influyen decisivamente en los procesos orgánicos conducentes a la reducción del peso y la tasa de colesterol.

Estos nutracéuticos están formulados para ser complementarios entre sí, aunque, no obstante, tienen una acción individual remarcable. Lógicamente, con la ingesta de dos o más productos, por esa misma complementariedad, se puede perfeccionar su espectro de actividad, optimizando el tratamiento.

Todos los productos están formulados en base a sustancias naturales, no existiendo contraindicaciones conocidas ni antagonismos con otros medicamentos de la medicina tradicional. No se registran posibilidades de sobredosis, aún en cantidades 5 a 10 veces mayores a las aconsejadas en la posología. Pueden ser administrados libremente desde la niñez a la ancianidad. Su única contraindicación se limita a las reacciones alérgicas comprobadas hacia alguno de sus componentes. 

Debe recordarse, no obstante, que cualquier Complemento Dietario resultaría insuficiente por sí mismo si no se ejercitan simultáneamente las recomendaciones antedichas y si ellas no se imbrican en un programa de alimentación y actividad física diseñado por especialistas médicos. Un nutracéutico no es un pasaporte al exceso, sino una ayuda importante para mejorar su perfil alimentario, aportando sustancias que perfeccionan su base orgánica para que los cambios metabólicos se realicen con mayor eficacia, y para optimizar los mecanismos bioquímicos internos que se encuentran alterados y que no pueden ser administrados y corregidos por la dieta. Así también, incorporarán otros principios que permiten actuar al propio organismo en potenciar el proceso de eliminación de las partículas oxidantes.

Estos nutracéuticos pueden actuar individual o en conjunto para la consecución del objetivo buscado, no existiendo contraindicaciones para su uso simultáneo. Por el contrario, por la sinergia propia de su formulación, existe una mejora sustancial de la acción individual de cada uno de ellos, al ser ampliada la base nutritiva de las microalgas Spirulina, común denominador de todos ¨2005

Dr. CARLOS A. STREMBEL SOURIGUES, ERIC G. STREMBEL

Biblioteca de Ciencia y Técnica sobre Nutrición – Hydro-Grow® Laboratorios – Documento N° 1

REFERENCIAS

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APÉNDICE

NECESIDADES DIARIAS DE GRASAS

El total de grasas (lípidos) a consumir en la dieta para un individuo excedido de peso no debería ser superior al 20 % del total de las necesidades energéticas diarias. De este total, las grasas saturadas –de origen animal o las derivadas de la hidrogenación de aceites– no deberían sobrepasar el 10 %, siendo el restante porcentaje dividido en partes iguales entre las grasas monoinsaturadas (5%), mayormente provenientes del aceite de oliva, y las grasas poliinsaturadas (5%) derivadas de los aceites de semillas de uva o frutos secos (almendras principalmente, semillas de girasol, nueces y castañas que no hayan sido tostadas). Existen, además, otras necesidades de lípidos que deben estar en la dieta en cantidades pequeñas, tales como el ácido linoleico y el linolénico, que si no se suministran adecuadamente producen enfermedades y deficiencias hormonales. Estos ácidos son denominados ácidos grasos esenciales o ácidos grasos omega 3 (ω-3), omega 6 (ω-6) y omega 9 (w-9), que son provistos por el consumo de pescados grasos o por las microalgas Spirulina con aceites de prímula o borage de los complementos dietarios.
Un consumo mayor de grasas que las proporciones mencionadas, conduce inexorablemente al sobrepeso, dado que las grasas aportan más del doble de calorías que los hidratos de carbono. Si se reducen éstos, el organismo consumirá la grasa acumulada para realizar las actividades físicas que establece el programa. Guardar la proporción entre los diferentes tipos de grasas a consumir, sin superar el balance energético que establece la dieta establecida, más asegurar al organismo una dotación suficiente de sustancias antioxidantes, resulta vital para evitar los accidentes cardiovasculares, como la ateroesclerosis, la arteriosclerosis, los infartos al miocardio o las embolias.

Fecha de primera publicación: 22-10-2005